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TESTIMONIO DE UNA APÓSTOL DE LA CRUZ

DEL GRUPO CRUZ DE JESÚS.

EN LIMA-PERÚ -1986-2000

...fue una época dorada para todas nosotras, aprendimos mucho, y fuimos transformándonos poco a poco.

 

 

...durante y después de la partida de los Misioneros, cuya evangelización y catequización a mujeres entre 45 y 50 años, sembró una semilla imperecedera, que comenzó a esparcirse con mucho desprendimiento y amor fraterno sobre todo por los más necesitados, con verdadera sinceridad y emoción apostólica.

 

 

 

Los Misioneros iban preparando la futura casa de formación, la capilla, la biblioteca, etc.,

P. Eugenio Casas

 

P. Javier Serrano y P. Eduardo Ramos.

P. Mauricio Jazo

 

P. Javier Serrano

 

           El año 1984, 24 parejas de esposos sintieron la necesidad de buscar a Dios, principio y fin de todo ser humano y bajo la dirección del Reverendo Padre Jeremías, hoy fallecido, comenzaron juntos a estudiar la encíclica “Familiaris Consortio” en la Parroquia de “La Encarnación”, todos los sábados por la noche, sin aportación económica alguna, concluyó con un retiro donde se consagraron como “Comunidad de Matrimonios”, y desde aquél entonces hasta hoy, continúan reuniéndose los que aún están con vida, una vez por semana, esto es cerca de 30 años.
            Curiosamente, los Misioneros del Espíritu Santo, quienes se habían encargado del Seminario Santo Toribio de Mongrovejo por 50 años, concluyeron allí sus actividades y se apresuraron a buscar una casa que sería de formación para futuros seminaristas y la consiguieron en Magdalena, la calle se llamaba Daniel Carrión.
           Eran tres los Misioneros del Espíritu Santo: con quienes más traté: El padre Gerardo Albarrán, abogado, el padre Javier Serrano, dentista y el padre Eduardo Sarre, quienes vinieron con cuatro seminaristas: Eugenio Casas Alatriste, Mauricio Jazo Plascencia, Eduardo Ramos Pons, y otro cuyo nombre no recuerdo porque se regresó a México al poco tiempo. Posteriormente vinieron otros Misioneros que integraron nuevos grupos. Los Misioneros iban preparando la futura casa de formación, la capilla, la biblioteca, etc., prestaban apoyo a la Parroquia de la Encarnación, y se impresionaron con las enseñanzas de los Misioneros, éstos, les hablaron de la Espiritualidad de la Cruz, de Concepción Cabrera de Armida, casada con nueve hijos, que naciera el año de 1862, y que fue el instrumento elegido por Dios para suscitar en su Iglesia las Obras de la Cruz, que fueron cinco: “El Apostolado de la Cruz” para todos los cristianos, “Las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús” religiosas de vida contemplativas, “Alianza de Amor” para seglares, “Liga Apostólica” para obispos y sacerdotes; y “Los Misioneros del Espíritu Santo”, congregación para sacerdotes y hermanos. Estas cinco obras son la respuesta de Dios al grito de Conchita “Jesús Salvador de los Hombres, sálvalos”.
          Las veinticuatro parejas de esposos de la Parroquia de la Encarnación se sintieron atraídos por la Espiritualidad de la Cruz y por el Apostolado de la Cruz, integrándose posteriormente con el primer grupo, que fue el de Magdalena y que se llamó “Cruz de Jesús”.
           Comienzo del Primer Grupo: Fue un día de Pascua de Resurrección cuando un grupo de catorce o dieciséis señoras de mediana edad de Magdalena y una del Distrito de Jesús María que visitaba a una de las señoras, tuvieron curiosidad al escuchar cantar rancheras mejicanas a unos jovencitos que lo hacían frente a la casa recién alquilada. Las señoras que no se conocían mucho, se acercaron para indagar, y estos jóvenes las invitaron a entrar a una amplia habitación donde había una mesa larga con muchos bocaditos. Un señor de mediana edad se presentó y les deseó una feliz Pascua de Resurrección, identificándose como un Misionero del Espíritu Santo y les invitó el té, surgiendo una amena charla que concluyó en que las invitadas se comprometieron a reunirse todos los sábados en la casa de una de las asistentes, a donde concurriría uno de los Misioneros. Al poco tiempo nos reuniríamos también el día miércoles, así comenzó nuestra preparación, evangelización y catequesis el año de 1986 hasta el año 2000. Todas las damas éramos católicas pero no practicantes, después de cada clase, compartíamos un té no muy franciscano, naciendo también entre todas nosotras una sincera amistad, y hacíamos lo imposible porque los Misioneros se sintieran en familia, fue una época dorada para todas nosotras, aprendimos mucho, y fuimos transformándonos poco a poco.
            Los cursos que con tanta paciencia nos dictaban, incluían la lectura y reflexión de la Biblia, de Vaticano Segundo, nos hablaron de la creación, desde el génesis, del pecado, de la promesa, de la pedagogía de Dios con Israel, de Jesús, del Ministerio Pascual, de Pentecostés, de cómo ser discípulo, del camino sacerdotal de Cristo y de Concepción Cabrera de Armida, vida y obras. En Cristo se une Dios y el hombre. Se celebró la Semana Teológica de la Espiritualidad de la Cruz en México y enviamos nuestros trabajos como Apóstoles de la Cruz y llegó el día de consagrarnos como tales y recibimos con mucha alegría nuestra Cruz del Apostolado que aún llevamos en el cuello. Hubo innumerables retiros, también momentos de fraternidad cristiana, consejos locales, se celebraban todas las fiestas religiosas, muchos retiros de meditación cristiana.
            Estudiamos siete libros sobre catequesis, reflexionábamos mucho sobre lo que aprendíamos, orábamos y oramos mucho por los sacerdotes.
            El Apostolado de la Cruz se fue extendiendo rápidamente entre gente mayor, y además del grupo Cruz de Jesús hubo: El Grupo del Espíritu Santo; de Jesús Redentor; de Santa Rosa; de San Martín; de Nuestra Señora del Carmen; Cristo Sacerdote; y de la Fontana. Se hizo una lista sobre los miembros coordinadores del Apostolado de la Cruz, el objetivo era impulsar la unidad, vitalidad y eclesialidad de la Obra desde nuestro propio carisma.
            El grupo Cruz de Jesús de dieciséis miembros pasó a veintinueve y hoy de todas ellas solo quedamos tres, cuando se fueron los Misioneros, muchas se retiraron, quedando las dieciséis que se iniciaron y de ellas muchas ya han partido a la casa del Señor y el resto sufre de cáncer, derrames cerebrales, y Alzheimer, pero las 16 estuvimos y estaremos siempre muy agradecidas al Señor por habernos dado la maravillosa oportunidad de conocerlo profundamente e integrar el grupo de Apostolado que nos ha permitido aceptar con amor los dolores de cada día, y poder ofrecérselos al Señor con alegría por los demás, y especialmente por los sacerdotes.
Labores realizadas por el grupo Cruz de Jesús: durante y después de la partida de los Misioneros, cuya evangelización y catequización a mujeres entre 45 y 50 años, sembró una semilla imperecedera, que comenzó a esparcirse con mucho desprendimiento y amor fraterno sobre todo por los más necesitados, con verdadera sinceridad y emoción apostólica.
1.- Nos iniciamos en un asentamiento humano, en San Juan de Miraflores, en la periferia de la ciudad, todas eran chocitas de estera, se llamaba Sarita Colonia, Pampa Arenosa, allí encontramos 15 madres casi todas solteras con muchos niños pequeños, 46, muchas veces nos acompañaba el padre Javier Serrano, y se nos veía caminar con dificultad, caernos para acercarnos a ellas y poderles brindar la palabra de Dios y ayudarlas con alimentos, ropa, medicinas, útiles escolares, y llevando a bautizar a esos niños de los cuales nos hicimos sus madrinas y a los que durante muchos años atendíamos y colaborábamos, sobre todo en Navidad, día de la Madre, principio de año escolar, llevándoles sacos con todo lo que pudieran necesitar. También por entonces llegaron las Misioneras Marianas, mejicanas, y entre ellas la maravillosa madre Margarita Vázquez, quien con su candor y humildad se dedicara a enseñarles a esas madres a bordar, a tejer, y muchas manualidades; quería en su idealismo hacer de ellas autogestionarias, y la verdad es que muchas utilizaron los conocimientos aprendidos. Como todo en la vida, la madre partió y llegó otra madre con nuevo carisma, la madre Elia, enfermera, ella les enseñaba a poner inyectables, podología, etc. Ella también se fue, como lo hicieron los Misioneros del Espíritu Santo el año 2000, fue un rudo golpe para todas nosotras, les escribíamos a donde estuvieran, pero sabíamos que sus recargadas labores y su desprendimiento hacía imposible que nos comunicáramos, fue una de las más fuertes pruebas que nos pidió el Señor, quedar en el olvido, el alma siempre necesita el consejo. El apoyo espiritual, esto nos sumió en un profundo desconsuelo. También sucedió en el asentamiento humano, de 15 familias solo hemos logrado que 6 surjan y que sus hijos entraran a la Universidad, y, hoy sean profesionales, por nuestra edad, no podíamos ir a verlas con frecuencia, el lugar creció y hoy ya no hay chozas sino bellas casas en ese cerro inmenso, pero la mayoría de las mujeres al no tener control se dedicaron a otra clase de vida y la gran mayoría de los niños se hicieron hombres de mal vivir, se dedicaron al alcohol, a las drogas, a las pandillas llegando algunos hasta la cárcel, pese a ello las 6 familias hoy vienen a vernos y sufren nuestras partidas y enfermedades, y hoy, ellas son las que nos traen su fruta y su cariño. Cuánta falta hace el mantener la unión en toda la obra de Dios. Lo creerán imposible pero hasta hoy me escribo con la madre Margarita Vázquez, quien siempre me envía sus rosarios hechos a mano, y sus oraciones me acompañan en este duro caminar. Hasta una feria les preparó la madre Margarita a estas señoras la que tuvo un gran éxito.
2.- Ayudábamos al manicomio, Larco Herrera llevándoles desayuno a los indigentes.
3.- Visitábamos a los niños de la Madre Teresa de Calcuta.
4.- Una de nuestras últimas actividades ha sido la de crear un Patronato “San Pablo de la Diócesis de Tarma”, lugar que está al centro del país, muy pobre y donde se han suscitado muchas llamadas del Señor a jóvenes muy sencillos de habla quechua, y cuyo párroco de Yanahuanca el Reverendo padre Wilfredo Estrella, sacerdote diocesano, al recibir un inmueble donado por el gobierno alemán, en Magdalena, pensó en un Seminario del que fue rector, y así comenzó nuestra labor, en buscar leyes adecuadas, hacer venir a estos jóvenes, en proveerles lo necesario y entre todas hacíamos un té mensual por el que cobrábamos diez soles, invitábamos a muchas personas y llegamos a tener hasta 100 asistentes, todo el producto recaudado era para los estudios de estos jóvenes, hacíamos también rifas, lo recolectado era entregado al sacerdote, el que daba información a su Obispo en Tarma. Pero como todo, se fue el sacerdote, el Señor Obispo venía una vez al mes a celebrar la misa y ofrecer el té, fue decayendo poco a poco y se cerró el Seminario. Nuestra labor no era solo el té, también se les financiaban viajes a sus pueblos natales, se les daba clases de castellano, etc., etc. Al padre Estrella lo cambiaron a otra parroquia, creo que hoy está en Acobamba, dentro de la jurisdicción de Tarma.
            Se concluyó esa labor y las que quedábamos nos reuníamos en un grupo chiquito de oración, ya los 80 años o más de edad no nos permiten hacer muchas cosas, pero lo que hemos intensificado es la oración, principalmente por los sacerdotes con el grito de Conchita “Jesús Salvador de los Hombres, sálvalos”.
            Los tiempos cambian, las organizaciones religiosas ya ven otros aspectos que supongo que son más importantes, pero la sencillez, la humildad y el amor a Dios y al prójimo son para nosotros el mayor tesoro que se puede utilizar para ayudar a los demás, siguiendo el ejemplo de nuestro maestro Jesús que siendo tan pobre pasó por el mundo haciendo el bien. Al partir los Misioneros del Espíritu Santo la Parroquia de la Encarnación nos acogió el hoy, Monseñor Briceño tenía la formación de los Misioneros, pero también él fue cambiado. Hoy el grupo de miembros de la Encarnación creo, siguen reuniéndose en un consejo local del apostolado.
           Podría relatarles muchas cosas más, como la conformación de los Consejos locales de todos los niveles con el fin de unir las acciones pastorales a los planes de las diócesis y las parroquias, etc., etc.
          Para no cansarlos concluyo este recuerdo con profunda nostalgia, y me despido pidiéndole a Dios sus bendiciones para los Misioneros del Espíritu Santo que conocimos y por los que no hemos conocido.

                                   El Señor nos dé la Paz,      
                                   Tasiana Vilches Bedoya (81 años).
                                   Apóstol de la Cruz
                                   Grupo: “Cruz de Jesús”

                                   Lima 08 de noviembre del 2013.