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Investigaciones Clío, la musa de la historia

EL RINCON DE CLIO

 

 

 

 

HISTORIA DE LA IGLESIA

Dr. Carlos Francisco Vera Soto, M. Sp. S.

 

I. La Antigüedad Cristiana.

(Siglo I-Mediados del siglo VII)

Periodo I. Fundación y desarrollo en los tres primeros siglos.

  • Los orígenes.

Los orígenes del cristianismo se remontan a las primeras comunidades organizadas por los doce apóstoles después de Pentecostés. Estas primeras comunidades apostólicas, nos dan una clara idea de proselitismo; al inicio, dentro del imperio, con todo lo que la nueva doctrina implicaba: primeras persecuciones, rechazos, etc., hasta la salida del mediterráneo, cuando se empieza a predicar a los griegos. Esta primera evangelización a través del kerigma como mensaje de amor de parte de Jesús evoluciona rápidamente pues, al partir de la heterogeneidad de los doce, se toma consciencia de la necesidad de la homogeneidad, por lo que nace el principio de autoridad, primeramente en Pedro y, posteriormente, con la primera jerarquía con los obispos, diáconos y presbíteros.  No debe olvidarse que la Iglesia nace en el seno del judaísmo y, por lo tanto, comparte edificios y algunas ideas con éste. Para la segunda mitad del siglo II hay una separación total entre judíos y cristianos, viene la intolerancia y con ello las primeras persecuciones. Por causa de la primera persecución, se da una dispersión de los cristianos de Jerusalén, de ahí la expansión de la doctrina hacia otras ciudades.

  • Expansión y arraigo en el Imperio Romano

El ambiente en el que el vive el cristianismo es el del Imperio Romano, donde la ideología dominante es la de la divinización del emperador. Los cristianos no participan de tal culto por lo que se les hacen tres grandes acusaciones: son ateos, practican el incesto y son caníbales. Durante los dos primeros siglos hay persecuciones que tienen como base el atentado al poder del emperador y a la intranquilidad del imperio, como es el caso de la persecución de Nerón (a. 64), a  consecuencia del incendio de Roma adjudicado a los cristianos. Es con el emperador Galieno y el edicto de tolerancia en el 261 que hay paz durante 40 años.

  • Las persecuciones.

Las persecuciones, más intensas en los primeros siglos, y un poco menos graves después del siglo IV, tienen fundamentos jurídicos desde el punto de vista del imperio romano: hay una negación del culto al emperador, es un delito de lesa majestad, además de ser considerados ateos. Otros motivos: desde la política, la existencia del imperio romano amenazada por los cristianos y el odio a la religión. Otras causas se encuentran dentro del mismo carácter exclusivo del cristianismo; los cristianos gozaban de odio entre los judíos, se les consideraba impíos, ateos, sacrílegos; no frecuentaban los juegos escénicos; no asistían a sacrificios públicos, llevaban una vida apartada, hacían prosélitos entre lo más bajo del pueblo.
En total se dieron 10 persecuciones:

  1. Nerón (54-68)
  2. Domiciano (81-96)
  3. Trajano (98-117)
  4. Marco Aurelio (161-180)
  5. Septimio Severo (193-211)
  6. Maximino (235-238)
  7. Decio (250-253)
  8. Valeriano (253-260)
  9. Aureliano (270-275)
  10. Dioclesiano ( 284-286) y Maximiano (286-305)

Sin embargo, dentro del mismo cristianismo, a través de los apologistas, se da respuesta a la persecución y desacreditación. Hay una defensa de la cristiandad. Ellos profundizan en la explicación racional de la fe como propaganda, tratando así de convencer a la clase culta pagana. Se trata de demostrar que el Estado persigue injustamente con una falta de fundamento en las calumnias que les hacen; tratan de demostrar que la religión cristiana es la única y verdadera y que el paganismo es un conjunto de fábulas y de ritos anticuados. Los apologistas no tuvieron mucho éxito con las autoridades estatales a comparación de la que sí tuvieron con los intelectuales.
La última persecución en el Imperio Romano fue durante la tetrarquía (284-395) 1

 

Periodo II. El cristianismo como religión del estado.

  • El imperio Constantino, el Concilio de Constantinopla y Teodosio (379-395).

El año 313 marca el inicio de la Iglesia Constantiniana. Hay un nuevo modo de relación entre la Iglesia y la sociedad: la Iglesia esta integrada en un estado que se considera como cristiano. Constantino (323-337) reina en occidente y Licinio (308-323) en oriente. Los dos chocan de manera inmediata donde Licinio es derrotado y asesinado; Constantino queda como único emperador el año 324. Constantino se queda en oriente y funda una nueva capital para el imperio en Bizancio llamándola Constantinopla.
Durante este periodo también hay una crisis en la Iglesia de Alejandría: Arrio propone una teología que no es aceptada por Alejandro el obispo de Alejandría, lo que culminó en la excomunión de Arrio y en una serie de disensiones, dentro de la Iglesia, de carácter teológico 2. Constantino buscó arreglar el problema y como no lo consiguió llamo a la reunión de un concilio: el Concilio de Nicea (a. 325). Dicho concilio es el origen de una nueva institución: el concilio ecuménico (universal) y el nacimiento del credo, signo de unión e identificación cristiana. Es hasta la muerte de Valeriano en el 378, arriano, que Graciano (375-383) en occidente y Teodosio (379-395) en oriente, deciden poner fin a las disputas teológicas.
El cristianismo pasa a ser religión de estado en los tiempos de Teodosio (a. 380). Teodosio reconoce a Gregorio de Nacianzo como obispo de Constantinopla y convoca a un nuevo concilio en su capital (a. 381). Solo fue un concilio oriental en el que se acordó guardar el credo de Nicea y rechazar las herejías nacientes. Es el culmen del cristianismo como religión del estado.

  • Fin del paganismo

Durante estos últimos tres siglos (IV-VII), se va dando una lenta eliminación del paganismo. A lo largo del siglo IV, nace una legislación cada vez menos favorable par el antiguo culto. En el tiempo de Juliano “El Apóstata”(361-363) 3, el paganismo tuvo cierto apoyo, pero sin mucho éxito. A la muerte de Juliano, los posteriores emperadores multiplicaron las medidas contra el paganismo y contra los herejes cristianos. En el año 380, al proclamar Teodosio (379-395) al catolicismo como religión de estado, muchos herejes y paganos son perseguidos. Definitivamente, dejan de celebrarse las fiestas paganas y los templos son demolidos.

  • División del Imperio e Invasiones bárbaras.

A la muerte de Teodosio, el imperio esta dividido en dos partes bien marcadas. Por un lado, el occidente, con capital en Roma y, por otro, el Oriente, con capital en Constantinopla. Pero éste no es el problema mayor, el mayor problema estaba en el control de las fronteras, por lo que se decidió arrendar a mercenarios germanos (bárbaros) para protegerlas. Lo que no se pensó es que estos grupos irían introduciéndose cada vez más al territorio, y no sólo estos grupos, hubo uno en especial, los hunos, 4 que al emigrar por falta de tierras fértiles, llegaban a Europa dos años después de que Teodosio dividía el imperio. Este grupo llegó a occidente y arrasó con el imperio. La gente creía que era el fin del mundo, sin embargo, era el inicio de lo que se conoce como barbarización del imperio romano o romanización de los germanos.

Bibliografía.

  • COMBY, Jean. Para leer la historia de la Iglesia. 1. De los orígenes al siglo XV. Navarra-España: Editorial Verbo divino, 1990, 201 pp.
  • DRANE, John.  La vida de la primitiva Iglesia. Navarra-España: Editorial Verbo divino, 1987, 140 pp.
  • JARAMILLO ESCUTIA, Roberto y J. Carlos Casas García. Notas de Historia Eclesiástica Antigua. Siglos I-IX. México: Universidad Pontificia de México-Facultad de Teología, 2005, 141 pp. (Colección Apoyos Didácticos UPM, No. 14)
  • HERTLING, Ludwig. Historia de la Iglesia. Barcelona: editorial Herder, 1986, 582 pp. (Biblioteca Herder. Sección de Historia, Vol. 41)
  • HUGHES, Philip. Síntesis de Historia de la Iglesia. Barcelona: Editorial Herder, 1981, 437 pp.
  • LLORCA, Bernardino S.J. Manual de Historia Eclesiástica, 2da. Edición. España: Editorial Labor, 1946, 921 pp.
  • R. García Villoslada S.I. y F.J. Montalban S.I. Historia de la Iglesia Católica. En sus cuatro grandes edades: Antigua, Media, Nueva, Moderna, Tomo 1: “Edad Antigua”, 3ra. Edición. Madrid: Editorial Católica S.A., 1960 (Biblioteca de Autores Cristianos)
  • OLMEDO, Daniel S.I. Historia de la Iglesia Católica, 4ta Ed. México: Editorial Porrúa, 1985, 807 pp.
  • SUÁREZ- MUÑOZ. Compendio de Historia de la Iglesia. Parte Primera: siglos I al VII. La Iglesia primitiva en el mundo greco-romano. Tomo I. Siglo I. Guadalajara, Jalisco-México: Ediciones Suárez-Muñoz. 1994. 40 pp.

II. La Edad Media

(Mediados del siglo VII-1313)

Los diez siglos que separan a la antigüedad del renacimiento del siglo XVI han recibido el nombre de Edad Media. La edad media nos evoca a la cristiandad. La cristiandad como ese modo de relación entre la sociedad y la Iglesia de la edad media. Uno de los rasgos más sobresalientes de esta cristiandad es el lugar cada vez más importante que va adquiriendo el papado en la Iglesia.
Ante la fuerza del Islam 5, se pierden por completo regiones como las de África, España, Italia y el sur de las Galias.
Por otra parte, los nuevos pueblos germanos, los eslavos y muchos otros se fueron convirtiendo. Más aún, en todo el centro de Europa y en el norte y centro de Italia se desarrolla un nuevo imperio al lado del cual el pontificado va ganado fuerza y prestigio hasta convertirse en el verdadero director, tanto en el orden religioso como en el político, de todas las naciones cristianas.
De esta manera, podemos decir que la edad media se caracteriza por el predominio creciente de los Pontífices Romanos, bajo cuya dirección de desarrollaron los grandes pueblos e instituciones medievales. Es por ello que fue posible ir reconquistando gran parte del territorio perdido e ir ampliando otro.
Así pues, las dos fuerzas de la edad media son: el nuevo Imperio, por una parte; el Pontificado, por otra. En el primer periodo el pontificado lucha por obtener el prestigio, y en el segundo periodo goza de él ampliamente.
Para el desarrollo de la Edad Media, cambia el escenario: en lugar de la cuenca del Mediterráneo, es mas bien la Europa occidental; en lugar del imperio de la vieja Roma es el germánico, 6 en vez del mundo grecolatino es el mundo greco-romano.
El imperio de Carlomagno será el precursor del gran Imperio Romano Germánico medieval, que con el papa, como jefe espiritual, y el emperador, como jefe temporal, favorecerá en gran manera la expansión de la cultura y de la vida cristiana en toda Europa. En cambio, la Iglesia Cismática Oriental y el mismo Imperio Bizantino, irán decayendo cada día más hasta quedar aplastados por los turcos.

Periodo I. Los comienzos de la Edad Media.

En este periodo se realiza lo que constituye el rasgo típico de la edad media: la subida del pontificado hasta llegar a su máximo esplendor. Pero antes de llegar a este estado, los romanos pontífices tuvieron que luchar contra todo tipo de dificultades.

  • Formación de los Estado Pontificios

La formación de los Estados Pontificios es resultado de una serie de disputas entre el papado de Roma y la dinastía de los Lombardos 7.
Al sentirse amenazada Roma por los lombardos y ante el rechazo de ayuda por parte de Constantinopla, el papa Zacarías se refugia en Pipino, rey del imperio Franco en Occidente. En 754, Pipino y sus hijos son consagrados por el papa. Pipino se compromete a arrancar a los lombardos los territorios usurpados. Es durante una campaña en Italia que Pipino logra restablecer al papa en Roma y le concede plena soberanía sobre los territorios recuperados. De esta manera, queda constituido un estado independiente en el centro de Italia, con el papa como su jefe supremo.

  • Imperio de Carlo Magno

El siglo IX empieza para la Iglesia bajo el signo del gran imperio de Occidente. El nuevo imperio con Carlomagno (768-814), refuerza la unidad de Europa occidental. En adelante los dos polos de la sociedad occidental son el papa y el rey. Esta situación no es aceptada por Constantinopla, por lo que quedan opuestos el oriente griego y el occidente latino.
Carlomagno 8 creyó siempre que su obligación era procurar la propagación de la fe; realizar la reforma eclesiástica en sus dominios, para así devolver el orden a la Iglesia y un poco de prestigio, por lo que reformó vigorosamente a la Iglesia franca a través de la reforma litúrgica y la renovación intelectual. La paz carolingia contribuyó a favorecer la organización de la Iglesia de occidente.
La unidad del imperio franco se rompió en el tratado de Verdún (843) que dividía la herencia de Ludovico Pío, hijo de Carlomagno, en tres partes: Francia, Germania y Lotaringia. A finales del X hubo cierta estabilidad. Se restauró el imperio en favor de un emperador alemán, Otón I, 9 en el 962. El santo imperio romano germánico durará hasta 1806.

 

  • El siglo X.

El siglo X puede ser considerado como el siglo oscuro del papado (Siglo de hierro) 10 La Iglesia se encontraba inmersa en el sistema feudal por la posesión de tierras de las que gozaba. El obispo era señor de sus tierras y mandaba sobre ellas, adquiría, no sólo poder espiritual sino político y económico, de ahí la ambición que suscitaban los cargos eclesiásticos. No se respetaban ya las elecciones por el clero o por el pueblo. A la muerte de los titulares, los feudos de la Iglesia volvían a distribuirse. Los señores, el emperador, los duques, etc., disponían de ellos a favor de quien les placía. Fue un siglo de obispos y papas poco edificantes. Su elección por parte de los príncipes no es precisamente de carácter religioso, podían necesitar de un buen militar, querían dejar bien colocados a sus numerosos hijos o vendían el cargo al mejor postor. Algunos de los papas de este siglo son:

  1. Benedicto IV (a. 900)
  2. León V (a. 903)
  3. Cristóbal (a. 903)
  4. Sergio III (a. 904)
  5. Anastasio III (a. 911)
  6. Landón  (a. 913)
  7. Juan X (a. 914)
  8. León VI (a. 928)
  9. Esteban VII u VIII (a. 928)
  10. Juan IX (a. 931)
  11. León VII (a. 936)
  12. Esteban VIII o IX (a. 939)
  13. Marino II (a. 942)
  14. Agapito II (a. 946)
  15. Juan XII (a. 955)
  16. León VIII (a. 963)
  17. Benedicto VI (a. 973)
  18. Benedicto VII (a. 974)
  19. Juan XIV (a. 983)
  20. Juan XV (a. 985)
  21. Gregorio  V (a. 996)
  22. Silvestre II (a. 999)
  • Cisma de 1054

El cisma de 1054 es la ruptura entre la Iglesia latina y la Iglesia griega. Podemos ver tres tipos de causas: políticas, culturales y dogmáticas. Las políticas: la Iglesia griega esta ligada al poder bizantino, el emperador nombra y destituye patriarcas de Constantinopla. Al restaurar el imperio de occidente, el papado parece haber realizado una operación política en contra del emperador de Constantinopla. Las culturales: las dos Iglesias no se comprenden. Oriente ignora el latín y occidente ignora, aun más, el griego. Para los bizantinos, los latinos son un pueblo de tinieblas, salvajes e incultos. Para los latinos, los griegos son unos degenerados, unos afeminados que sólo se preocupan por arreglarse el cabello y tener lujosos vestidos. Y las dogmáticas: para los griegos, el rito es la fe que actúa. Para los latinos, se distingue mas fácilmente la doctrina del rito. Los griegos reprochan a los latinos haber modificado la formula del credo niceno, añadiendo “el espíritu procede del padre” y “del hijo”, añaden los latinos. 11
Génesis del cisma
En el año 589, durante el Tercer Concilio de Toledo, donde tuvo lugar la solemne conversión de los visigodos al catolicismo, se produjo la añadidura del término filioque. En el año 568 el nombre del Papa fue retirado de los dípticos del patriarcado de Constantinopla. Se discute todavía entre los historiadores cuál ha sido el motivo de este cambio. Una causa pudo ser el hecho de que el Papa Sergio IV había enviado al patriarca de Constantinopla una profesión de fe que contuviera el filioque y eso habría provocado la incomprensión de parte del patriarca Sergio. Aunque la inserción del filioque en el credo latino estaba en las diferentes liturgias europeas desde el siglo VI, y sobre todo en la carolingia desde el siglo IX, la liturgia romana no incluía la recitación del credo en la Misa. En 1014 con motivo de su coronación como emperador del Sacro Imperio, Enrique II solicitó al Papa Benedicto VIII la recitación del Credo. El Papa, necesitado del apoyo militar del emperador, accedió a su petición y lo hizo según la praxis vigente por entonces en Europa: de este modo, por primera vez en la historia el filioque se usó en Roma.
En el año 1054, el Papa León IX quien, amenazado por los normandos, buscaba una alianza con Bizancio, mandó una embajada a Constantinopla encabezada por su colaborador, el cardenal Humberto de Silva Candida, y formada por los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi. Los legados papales negaron, a su llegada a Constantinopla, el título de ecuménico al Patriarca Miguel I Cerulario y, además, pusieron en duda la legitimidad de su elevación al patriarcado. El patriarca se negó entonces a recibir a los legados. El cardenal respondió publicando su Diálogo entre un romano y un constantinopolitano, en el que se burlaba de las costumbres griegas y, tras excomulgar a Cerulario mediante una bula que depositó el 16 de julio de 1054 sobre el altar de la Iglesia de Santa Sofía, abandonó la ciudad. A su vez, pocos días después (24 de julio), Cerulario respondió excomulgando al cardenal y a su séquito, y quemó públicamente la bula romana, con lo que se inició el Cisma. Alegaba que, como en el momento de la excomunión, León IX había muerto, por lo tanto, el acto ex comunicatorio del cardenal de Silva, no habría tenido validez; añade también que se excomulgaron individuos, no Iglesias.
Con esto se ve que el Gran Cisma fue más bien resultado de un largo período de relaciones difíciles entre las dos partes más importantes de la Iglesia universal. Las causas primarias del cisma fueron sin duda las tensiones producidas por las pretensiones de suprema autoridad (el título de "ecuménico") del Papa de Roma y las exigencias de autoridad del Patriarca de Constantinopla. Efectivamente, el Obispo de Roma reclamaba autoridad sobre toda la cristiandad, incluyendo a los cuatro Patriarcas más importantes de Oriente; los Patriarcas, por su lado, alegaban, según su entendimiento e interpretación de la Sagrada Tradición Apostólica y las Sagradas Escrituras, que el Obispo de Roma solo podía pretender ser un "primero entre sus iguales" o "Primus inter pares". Por su parte, los Papas, declaraban que "es necesario que cualquier Iglesia esté en armonía con la Iglesia (de Roma), por considerarla depositaria primigenia de la Tradición apostólica" (San Irineo de Lyon, s. II d. C.). También tuvo gran influencia el Gran Cisma en las variaciones de las prácticas litúrgicas (calendarios y santorales distintos) y disputas sobre las jurisdicciones episcopales y patriarcales.

 

Periodo II. Esplendor de los Estados Pontificios y defensa de la cristiandad.

Con el pontificado de Gregorio VII (1073-1085) se inicia el periodo de mayor apogeo de la Iglesia medieval, que se mantiene durante los siglos XII y XIII y da ocasión al mayor florecimiento de la  vida cristiana en todo orden. La sociedad, totalmente basada en el cristianismo, no tiene más remedio que luchar contra los que atacan su fe. Por fuera los musulmanes y por dentro los herejes. Por tanto, la cristiandad se arma y organiza la cruzada.

  • Triunfo del derecho pontificio

El fundamento de la cristiandad medieval es la afirmación del papado. Muchos de los eclesiásticos de la época no cumplen cabalmente con sus obligaciones religiosas al ser electos por los intereses particulares del príncipe y muchos de los que salen de los monasterios reformados piden una Iglesia más santa, que la elección, deje de estar en manos de un laico. En los Decretos de reforma de 1059, el papa Nicolás II (1059-1060), precisa las reglas de la elección pontificia: el papa será designado por los cardenales. El papa Gregorio VII (1073-1085) piensa en una reforma moral a fondo.
Hildebrando Aldobrandeschi, hizo los votos monásticos. En el año 1045 es nombrado secretario del papa Gregorio VI. En 1046, al fallecer Gregorio VI, Hildebrando ingresa como monje en el monasterio de Cluny en donde adquirirá las ideas reformistas que regirán el resto de su vida y que le harán encabezar la conocida Reforma gregoriana. En 1059 es nombrado por el papa Nicolás II, archidiácono y administrador efectivo de los bienes de la Iglesia, cargo que le llevó a alcanzar tal poder que se llegó a decir que echaba de comer a “su Nicolás como a un asno en el establo”. Hildebrando fue elegido pontífice por aclamación popular el 22 de abril de 1073, lo que supuso una transgresión de la legalidad establecida, en 1059, por el concilio de Melfi que decretó que en la elección papal sólo podía intervenir el colegio cardenalicio, nunca el pueblo romano. No obstante obtuvo la consagración episcopal el 30 de junio de 1073. En 1075, Gregorio VII publica el Dictatus Papae, veintisiete axiomas donde expresa sus ideas sobre cual ha de ser el papel del Pontífice en su relación con los poderes temporales, especialmente con el emperador del Sacro Imperio. Estas ideas pueden resumirse en tres puntos: 1. El papa es señor absoluto de la Iglesia, estando por encima de los fieles, los clérigos y los obispos, pero también de las Iglesias locales, regionales y nacionales, y por encima también de los concilios. 2. El papa es señor supremo del mundo, todos le deben sometimiento incluidos los príncipes, los reyes y el propio emperador. 3. La Iglesia romana no erró ni errará jamás.
Invitaba a la santidad y llega a creer que el mal de todo, es la investidura laica, por lo que quiere hacerla desaparecer en todos los niveles. En 1075 prohíbe a los obispos recibir sus cargo de un laico. A esto se sigue un largo conflicto entre los papas y los emperadores (El conflicto de las investiduras):

Estas pretensiones papales llevaban a un enfrentamiento con el emperador alemán en la disputa conocida como Querella de las Investiduras que inicia cuando, en un sínodo celebrado en 1075 en Roma, Gregorio VII renueva la prohibición de la investidura por laicos. Esta prohibición no fue admitida por Enrique IV que siguió nombrando obispos en Milán, Spoleto y Fermo, territorios colindantes con los Estados pontificios, por lo que el papa intentó intimidarle mediante la amenaza de excomunión y de deposición como emperador. Enrique reacciona, en enero de 1076, celebrando un sínodo de Worms donde depone al papa. La excomunión lanzada por Gregorio sobre Enrique significaba que sus súbditos quedaban libres de prestarle vasallaje y obediencia, por lo que el emperador temiendo un levantamiento de los príncipes alemanes, que habían acudido a Augsburgo para reunirse en una dieta con el Papa, decide ir al encuentro de Gregorio y pedirle la absolución. El encuentro entre Papa y Emperador tiene lugar en el Castillo de Canossa, concretamente en el castillo Stammburg de la gran condesa Matilde de Canossa. Enrique no se presentó como rey, sino como penitente sabiendo que con ello, el pontífice, en su calidad de sacerdote, no podría negarle el perdón. El 28 de enero de 1077, Gregorio VII absolvió a Enrique IV de la excomunión a cambio de que se celebrara una Dieta en la que se debatiría la problemática de las investiduras eclesiásticas. Sin embargo Enrique dilata en el tiempo la celebración de la prometida Dieta por lo que Gregorio VII lanza contra el emperador una segunda condena de excomunión, lo depone y procede a reconocer como nuevo rey a Rodolfo, duque de Suabia. Esta segunda excomunión no obtuvo los efectos de la primera ya que los obispos alemanes y lombardos apoyaron a Enrique quien, en un sínodo celebrado en Brixen en 1080, proclama nuevo papa a Clemente III y marcha al frente de su ejército sobre Roma que le abre sus puertas en 1084. Se celebra entonces un sínodo en el que se decreta la deposición y excomunión de Gregorio VII y se confirma al antipapa Clemente III quien procedió a coronar como emperadores a Enrique IV y a su esposa Berta. Gregorio VII se refugió en el Castillo Sant'Angelo esperando la ayuda de sus aliados normandos capitaneados por Roberto Guiscardo. La llegada de los normandos obliga a Enrique IV a abandonar Roma, que es sometida a saqueo e incendiada por los ejércitos normandos, acción que desencadenó el levantamiento de los romanos contra Gregorio que se vio obligado a retirarse a la ciudad de Salerno donde fallecía el 25 de mayo de 1085. La disputa sobre las investiduras finalizó mediante el Concordato de Worms, en 1122, que deslindó la investidura eclesiástica de la feudal.

Y el concilio de Letrán (1123) trajo de nuevo la paz. Los papas que emprendieron la reforma intervienen ahora como dueños de la cristiandad, el derecho canónico se hace omnipresente en el gobierno de la Iglesia de Roma. Con Inocencio III (1198-1216) 12 el papado alcanza la cumbre de su poder: el papa se presenta como el árbitro de Europa; en el terreno espiritual, todas las Iglesias le están sometidas y, en nombre de lo espiritual, intervine en asuntos políticos. La lucha entre el papado y el emperador Federico II (1112-1250), alcanza su punto culminante cuando el papa Inocencio IV (1243-1253) depone al emperador en el concilio de Lyon (1245) y reafirma los principios teocráticos. El papado demasiado metido en política, pierde su autoridad moral.

  • Las cruzadas

Las cruzadas se originan cuando la cristiandad toma conciencia de sí, se reúne y se arma en contra del Islam.
Estas guerras tienen su origen en la peregrinación a Jerusalén. En el siglo XI una nueva fuerza musulmana, los turcos, amenazan al imperio oriental y hacen más difíciles las peregrinaciones a Tierra santa. El emperador griego pide ayuda. El concilio de Clermont en 1095, con el papa Urbano II (1088-1098), pide a los caballeros de occidente que socorran a los de Oriente para reconquistar los lugares santos. Es así como en la primera cruzada se conquista Jerusalén y se fundan varios estados cristianos, entre ello el reino de Jerusalén. Las cruzadas contribuyeron a hacer más sólida la cristiandad y a conformar el poder del papa.


Bibliografía

  • COMBY, Jean. Para leer la historia de la Iglesia. 1. De los orígenes al siglo XV. Navarra-España: Editorial Verbo divino, 1990, 201 pp.
  • JARAMILLO ESCUTIA, Roberto y J. Carlos Casas García. Notas de Historia Eclesiástica Antigua. Siglos I-IX. México: Universidad Pontificia de México-Facultad de Teología, 2005, 141 pp. (Colección Apoyos Didácticos UPM, No. 14)
  • HERTLING, Ludwig. Historia de la Iglesia. Barcelona: editorial Herder, 1986, 582 pp. (Biblioteca Herder. Sección de Historia, Vol. 41)
  • HUGHES, Philip. Síntesis de Historia de la Iglesia. Barcelona: Editorial Herder, 1981, 437 pp.
  • LLORCA, Bernardino S.J. Manual de Historia Eclesiástica, 2da. Edición. España: Editorial Labor, 1946, 921 pp.
  • R. García Villoslada S.I. y F.J. Montalban S.I. Historia de la Iglesia Católica. En sus cuatro grandes edades: Antigua, Media, Nueva, Moderna, Tomo II: Edad Media, 3ra. Edición.  Madrid: Editorial Católica S.A., 1960 (Biblioteca de Autores Cristianos)
  • OLMEDO, Daniel S.I. Historia de la Iglesia Católica, 4ta Ed. México: Editorial Porrúa, 1985, 807 pp.


III. La Edad Moderna

(Siglos XIV-a inicio del siglo XIX)

Los principios básicos de la unidad religiosa y de la supremacía del Pontificado, característicos de la Edad Media, se fueron desmoronando desde el inicio de la estancia de los papas en Aviñon 13,y sobre todo, al darse el cisma en Occidente 14. Como consecuencia de estos sucesos, se observa una decadencia de la vida eclesiástica que se manifiesta en los abusos cada vez mayores de la curia pontificia, en el relajamiento del clero y en la corrupción de las costumbres del pueblo cristiano.
En estas circunstancias, bastó una chispa para encender el fuego, la chispa es Lutero que encabeza la rebelión religiosa más radical de la cristiandad. Sus efectos fueron por demás trascendentes, y dan un matiz característico a la Edad Moderna. Por otra parte, a los ataques de los nuevos herejes, se forma un campo católico de reacción que tuvo en los siglos XVI y XVII una serie de frutos importantísimos. De ahí la verdadera reforma a la que puso los fundamentos el Concilio de Trento (1545-1563) y en la que colaboraron Pontífices y santos providenciales con un verdadero ejercicio de las ordenes religiosas.
Toda la vida y actividad de la Iglesia tomo un nuevo rumbo, se renovó y actualizó a los tiempos presentes para poder luchar y salir airosa ante los nuevos adversarios.

Período I. Decadencia del pontificado, cisma de Occidente y primeros intentos de reforma.

Este primer periodo es la preparación del segundo.

Durante los siglos XIV y XV, se desencadena la batalla en contra del Pontificado, cuyo efecto es la disminución de su prestigio. Además de la decadencia de la vida religiosa, dentro de la misma Iglesia, las divisiones desembocan en un cisma y en la contestación del fundamento del poder papal. El malestar de las conciencias provoca una explosión del pensamiento religioso y marcan el final de la unanimidad. Sin embargo, dentro de este periodo, también observamos una serie de transformaciones que anuncian una época distinta.

  • Decadencia del papado.

La ascensión de las monarquías nacionales que, al querer afianzar y desarrollar su autoridad, se topan en su camino con el poder Pontificio, desemboca en una serie de conflictos, pues los príncipes, rechazan cada vez más las intervenciones de los papas en sus reinos. Un primer conflicto de esta naturaleza es el de Felipe el Hermoso (1285-1314) con el papa Bonifacio VIII (1294-1302) El conflicto comenzó en 1296 cuando Bonifacio recordó la prohibición que pesaba sobre los príncipes cristianos de imponer tasas sobre los bienes eclesiásticos (cosa que estaba haciendo el rey para poder llevar adelante la guerra contra Inglaterra); Felipe, por su parte, respondió prohibiendo la salida de oro y plata del reino al exterior y la permanencia de extranjeros en Francia (lo que perjudicaba a las finanzas pontificias y los beneficiarios italianos que vivían en Francia). La relación fue enrareciéndose cada vez más hasta que en el sínodo del 1302 el papa decidió excomulgar a todos los que impidiesen la comunicación con la Santa Sede y emana la bula Unam Sanctam 15
Por su parte, el rey se afirma como el único señor de su reino y aparece la idea de que un papa que falla, puede ser juzgado por un concilio general. Otro conflicto es entre el papa Juan XXII (1316-1333) y Luis de Baviera  con el que se da el “Nacimiento del espíritu laico”: independencia del Estado en el terreno temporal y la insistencia en definir la Iglesia como el conjunto de creyentes sin limitarla a la institución clerical. El resultado, la Bula de Oro en 1356 16, que excluye toda intervención del papa en la designación del emperador de Alemania.

  • Cisma de Occidente (1370-1471)

En junio de 1305, se vuelve a elegir un papa, Clemente V (1264-1314), que traslada la sede a la ciudad de Aviñon en 1309, ya que Roma era “insegura”.
Clemente V, persona de débil carácter, durante su pontificado no fue más que un simple juguete en las manos de Felipe IV el Hermoso de Francia, quien le persuadió de que se trasladase a Aviñón, para su propia protección. El asentamiento de la suntuosa corte papal en Aviñón, en 1309, causó muy mala impresión en el resto de Europa, y en especial en Inglaterra, enfrentada a Francia. La debilidad del Papa ante las pretensiones del rey francés contrastaba con la energía de su predecesor, Bonifacio VIII.

Los papas en Aviñon desarrollan una serie de deficiencias que dan origen al cisma de occidente.
La opinión cristiana pide que el papa vuelva a Roma. Urbano V (1362-1370), ascendió al solio en 1362 y se trasladó de Italia a Aviñón, donde le habían elegido los cardenales y donde habían vivido los papas durante más de cien años. Posteriormente viajó a Roma con el fin de confirmar con su presencia la reconquista de los Estados Pontificios por el cardenal Albornoz. Tuvo una acogida apoteósica, pero, con el tiempo, comenzó a sentirse extraño en Roma y deseó regresar a su país natal. Una nueva guerra entre Francia e Inglaterra le decidió a volver. Después de tres años en Roma (1367-1370) vuelve a Avignon.

Gregorio XI (1370-1378) se decide al restablecimiento del papado el Roma en 1377. La vuelta se hace en malas condiciones; los cardenales franceses no están a gusto en Roma. A la muerte de Gregorio XI en 1378, los romanos eligen a Urbano VI (1378-1389); Ascendió al solio en 1378, por influencia en su investidura, los romanos, que querían un sucesor italiano, aunque no era cardenal ni estaba presente. Pronto comenzó una reforma despiadada, denunciando los defectos de los cardenales y amenazando con remplazarlos. Un grupo de cardenales se reunió en Agnani, con el fin de invalidar su elección, eligiendo y proclamando papa al poderoso Roberto de Ginebra, que pasó a llamarse Clemente VII y estableció su residencia en Aviñón, dando origen al Gran Cisma de Occidente. Urbano continuó con su desastroso sistema hasta el fin, ganándose el odio de todos. Le achacaban demasiado apego a sus parientes, a quienes favorecía constantemente en perjuicio de la Iglesia. Parece que fue modelo de virtudes en su vida privada, trabajador incansable, modesto y mortificado. El nuevo papa es insoportable para los cardenales franceses que abandonan Roma.
En septiembre de 1378 los cardenales franceses hacen otra elección, la de Gregorio VII (1406-1417); cuando el rey de Francia Carlos V lo reconoce, se confirma en cisma que va a durar casi 40 años.

En el Concilio en Pisa (a. 1409), los cardenales de ambas partes creen solucionar el problema. Son depuestos los dos papas reinantes y se designa a uno nuevo, Alejandro . Hay entonces tres papas porque ninguno de los otros dos abdica. El emperador Segismundo impone a Juan XXIII que convoque un concilio en Constanza (1414-1418). Juan XXIII huye del concilio. En 1415, por el decreto Sacrosancta, la asamblea firma la superioridad del concilio sobre toda la Iglesia y sobre el papa. La abdicación de Juan XXIII y de Gregorio XII y la deposición de Benedicto XIII, permiten la elección de Martín V (1417-1430) en noviembre de 1417. El cisma ha terminado.

  • Los primeros intentos de reforma.

Dentro de estos primeros intentos de reforma están tres personajes: Guillermo de Occam, quien criticó la concepción de la Iglesia y del papa, destacando el papel de los laicos. En sus escrituras polémicas Guillermo de Ockham aparece como el abogado del absolutismo secular. Niega el derecho de las papas a ejercer el poder temporal o a interferir de cualquier forma en los asuntos del Imperio. Incluso fue tan lejos como para defender la validez del matrimonio adúltero del hijo de Louis de Baviera. Invita a la lectura de la Biblia y al ejemplo de los santos. En la filosofía Guillermo defendió la reforma del Escolasticismo tanto en el método como en el contenido. El objetivo de este movimiento reformista era en general la simplificación. Con esta tendencia estaba unida una muy marcada sugerencia hacia el escepticismo, una desconfianza, expresa, de la habilidad de la mente humana de alcanzar la certeza en los problemas más importantes de filosofía. Su escepticismo aparece en su doctrina en la que la razón humana no puede demostrar ni la inmortalidad del alma ni la existencia, ni la unidad, e infinidad de Dios. La más conocida contribución de Guillermo a la filosofía Escolástica es su teoría de los universales, que es una forma modificada del Nominalismo más estrechamente vinculada al Conceptualismo que al Nominalismo extremo. El universal, dice, no tiene existencia en el mundo de la realidad. Se conocen las cosas reales por el conocimiento intuitivo, y no por la abstracción. El universal es el objeto del conocimiento abstracto. Defendió la autoridad de la monarquía contra las pretensiones romanas y propugnó la secularización de los bienes eclesiásticos. Enseñó teología en Oxford, donde redactó una Summa eclesiológica, impulsó la traducción de la Biblia al inglés y formó predicadores que anunciaran un igualitarismo religioso y social apoyado sólo en textos bíblicos. Al producirse el gran Cisma de Occidente, concibió el proyecto de una Iglesia desligada del papado.

Wycliffe afirmó la autoridad exclusiva de la Escritura y tradujo la Biblia del latín al inglés (1378). Un concilio convocado en Londres en 1382 por el arzobispo de Canterbury, Courtenay, condenó como heréticas, erróneas y perniciosas veinticuatro proposiciones extraídas de sus escritos, en su mayor parte concernientes a la eucaristía.

Juan Hus quien recogió ideas de Wyclif sobre la Iglesia. Hus encabezó desde 1408 un movimiento basado en las ideas de John Wycliff denominado husismo y sus seguidores fueron llamados husitas, los cuales se multiplicaron en momentos en que la Iglesia católica sufría la crisis del Cisma de Occidente, cuando había dos papas, a los que en 1409 se agregó un tercero, Alejandro V. El emperador Segismundo le ofreció un salvoconducto para que Hus acudiera al Concilio de Constanza a explicar sus postulados, pero en el Concilio, Hus se negó a retractarse y por ello fue condenado por herejía. El rey Segismundo de Hungría lo acusó de traición y le condenó a morir en la hoguera, ejecutándose la sentencia el 6 de julio de 1415. Antes de ser quemado, Hus dijo las siguientes palabras: «Vas a asar un ganso, pero dentro de un siglo te encontrarás con un cisne que no podrás asar 17

 

Período II. La Reforma Protestante y la Reforma Católica.

En este segundo periodo tiene lugar la revolución religiosa que da como resultado, por una parte, una de las escisiones más significativas de la cristiandad y, por otra, la reacción y reforma providencial de la Iglesia. Muchas de las instituciones eclesiales resultan ya caducas y no responden a las necesidades de los cristianos. Surgen entonces a principios del XVI, algunos hombres decididos a emprender la reforma en la Iglesia.

  • La Reforma Protestante.

Martín Lutero es, sin duda, el máximo representante de la época de la reforma protestante. Convencido de que la Iglesia había perdido la visión de varias verdades centrales que enseñaban las Escrituras, siendo una de las más importantes la doctrina de la justificación sólo por la fe. Lutero empezó a enseñar que la salvación es un regalo exclusivamente de Dios, dado por la gracia a través de Cristo y recibido solamente por la fe.
Fue la cuestión de las indulgencias la que dio a Lutero la ocasión de dar a conocer sus ideas a través de las 95 tesis: “El cristiano no puede comprar la gracia que Dios le da gratuitamente”. Lutero vio este tráfico de indulgencias no solo como un abuso de poder, sino como una mentira, que, no teniendo base en las Escrituras, podría confundir a la gente y llevarla a confiar solamente en la mentira de las indulgencias, dejando de lado la confesión y el arrepentimiento verdadero. Lutero predicó tres sermones contra las indulgencias en 1516 y 1517. Pero su enojo siguió creciendo y, según la tradición, el 31 de octubre de 1517 fueron clavadas las 95 tesis en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg como una invitación abierta a debatirlas. Las tesis condenaban la avaricia y el paganismo en la Iglesia como un abuso, y pedían una disputa teológica en lo que las indulgencias podían dar. Sin embargo, en sus tesis no cuestionaba directamente la autoridad del Papa para conceder indulgencias. Las 95 tesis de Martín Lutero fueron traducidas rápidamente al alemán y ampliamente copiadas e impresas. Al cabo de dos semanas se habían difundido por toda Alemania y, pasados dos meses, por toda Europa. Este fue uno de los primeros casos de la Historia en los que la imprenta tuvo un papel importante, pues facilitaba una distribución más sencilla y amplia de cualquier documento.
El Papa León X advirtió a Martín Lutero el 15 de junio de 1520, con la bula papal Exsurge Domine, de que se arriesgaba a la excomunión, a menos que en un plazo de sesenta días repudiara 41 puntos de su doctrina seleccionados de sus escritos. En octubre de 1520 Lutero envió su escrito En la Libertad de un Cristiano al Papa, añadiendo la frase significativa: "Yo no me someto a leyes al interpretar la palabra de Dios". El Papa León X excomulgó a Lutero el 3 de enero de 1521 mediante la bula Decet Romanum Pontificem. Lutero nunca pensó en fundar una nueva Iglesia, pensaba que volviendo al Evangelio, se reformaría a sí misma.

Otro reformador fue Juan Calvino. Él es parte de la segunda generación de la Reforma, la generación que la consolidó, con él la Reforma se hace francesa. El calvinismo rechaza todo patrocinio de la religión por el estado; sitúa al estado en el plano de los seres humanos que lo gobiernan, y éstos están sometidos a la Iglesia. Con poco más de veinte años se convirtió al protestantismo, al adoptar los puntos de vista de Lutero. Tales convicciones le obligaron a abandonar París en 1534 y buscar refugio en Basilea (Suiza). 1536 fue un año decisivo en su vida: publicó un libro en el cual sistematizaba la doctrina protestante -Las instituciones de la religión cristiana-, que alcanzaría enseguida una gran difusión; llegó a Ginebra, en donde la creciente comunidad protestante le pidió que se quedara para ser su guía espiritual. Calvino se instaló en Ginebra, pero sus autoridades le expulsaron de la ciudad en 1538 por el excesivo rigor moral que había tratado de imponer a sus habitantes. En 1541 los ginebrinos volvieron a llamarle y, esta vez, Calvino no se limitó a predicar y a tratar de influir en las costumbres, sino que asumió un verdadero poder político, que ejercería hasta su muerte. El culto se simplificó, reduciéndolo a la oración y la recitación de salmos, en templos extremadamente austeros de donde habían sido eliminados los altares, santos, velas y órganos.  La lucha por imponer todas estas innovaciones se prolongó hasta 1555, con persecuciones sangrientas, destierros y ejecuciones; después, Calvino reinó como un dictador incontestado.

 

  • La Reforma Católica.

Frente a este ambiente en contra de la Iglesia, hubo pronto una reacción que condujo a la verdadera reforma eclesiástica. Uno de los medios para llevarla a cabo fue la celebración del Concilio de Trento (1545-1563), que en sus tres etapas y a pesar de las innumerables dificultades, tomó una serie de decisiones disciplinares y doctrinales que sirvieron de base para toda la actividad futura de la Iglesia. El concilio dejó al papa la función de hacer aplicar los decretos. Pío IV (1559-1565) publicó oficialmente los decretos y constituyó una comisión de aplicación. La Iglesia salió del concilio estabilizada, jerarquizada, centralizada entorno a su cabeza el papa, e integró, armoniosamente su pasado con su presente.
El Concilio se reunió en la ciudad de Trento para facilitar la asistencia de los protestantes. No sin tener que superar numerosas dificultades fue convocado por el Papa Pulo III, con el apoyo entusiasta del emperador Carlos V sumamente interesado en la convocación del mismo. Los motivos básicos que motivaron el Concilio fueron dos: La necesidad de una reforma en la Iglesia (“en la cabeza y en los miembros”) deseada desde mucho tiempo. Hacer frente a la gravísima situación que había creado Lutero en la Iglesia. El concilio afronta la situación de la Iglesia mediante la promulgación de dogmáticos y disciplinares: A.-Los decretos dogmáticos afrontan con precisión el contenido de la fe católica frente los errores del protestantismo, reafirmando la doctrina de los anteriores concilios ecuménicos. B.-Los decretos disciplinares se centran en la reforma de la atención pastoral y la disciplina la Iglesia.
CONCLUSIONES DOGMATICAS. La Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición de la Iglesia, son las fuentes de la fe. La Sagrada Escritura es interpretada auténticamente por el Magisterio de la Iglesia. El pan y el vino consagrados en la Santa Misa son verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre, de Jesucristo. Para la salvación eterna es necesaria la fe y también las buenas obras. El pecado original afectó a todos los hombres y se perdona en el Bautismo. La veneración de los Santos no ofende a Dios.
CONCLUSIONES DISCIPLINARES. a) Los Obispos, sucesores de los Apóstoles, han, de residir en las Diócesis que les han sido confiadas. b) Se manda la erección de Seminarios para la formación de los futuros sacerdotes. c) Se reafirma la disposición de vivir el celibato quienes ejercen el ministerio sacerdotal. d) Se establece la Vulgata como la versión oficial de la Sagrada Escritura en la Iglesia.

Valoración del Concilio de Trento, uno de los más importantes de la historia de la Iglesia, podría resumirse brevemente así: 1. Dio una respuesta doctrinal clara a los gravísimos errores. 2. Abrió una época de gran gloria para la teología y la piedad del pueblo cristiano. 3. Encauzó rectamente el deseo de reforma que había en la Iglesia. 4. No consiguió, sin embargo, el objetivo de alcanzar la unidad religiosa de Europa: No fue posible la vuelta de los protestantes a la Iglesia.


Período III. Siglo XVIII: la Ilustración, la Revolución Francesa y la Era Napoleónica.


Desde finales del XVII se manifiestan nuevas actitudes respecto a la religión. A partir de mediados del XVIII se observan algunas señales de un nuevo giro dentro de la Iglesia. Se puede explicar este giro por la filosofía de la Ilustración como el florecimiento de esta nueva forma de pensamiento en la que la razón tiene el predominio en todos los ámbitos de la vida. La revolución francesa se presenta como el triunfo de las luces y los adversarios de la Iglesia. Las ideas revolucionarias se impusieron en toda Europa a través de las conquistas de Napoleón.

  • La Ilustración

La Ilustración fue una época histórica y un movimiento cultural e intelectual europeo –especialmente en Francia e Inglaterra– que se desarrolló desde fines del siglo XVII hasta el inicio de la Revolución francesa, aunque en algunos países se prolongó durante los primeros años del siglo XIX. Fue denominado así por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón. El siglo XVIII es conocido, por este motivo, como el Siglo de las Luces. Los pensadores de la Ilustración sostenían que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía, y construir un mundo mejor. La Ilustración tuvo una gran influencia en aspectos económicos, políticos y sociales de la época. La expresión estética de este movimiento intelectual se denominará Neoclasicismo.

Este ideal racional no significó sólo una forma negativa en contra de la fe, sino que inspiró realizaciones y reformas dentro del catolicismo. Entre otras cosas se proponía una renovación teológica y un mayor acercamiento y tolerancia para con los protestantes.

  • La Revolución francesa

Al inicio de la Revolución, la Iglesia padece una serie de despojos por parte de la Constituyente, 18 reunida en París, los bienes del clero fueron puestos a disposición de la nación y el Estado se encargaría de la subsistencia del clero. Esta misma Constituyente, que reorganizó por completo el gobierno y la administración de Francia, quiso hacer lo mismo con la organización eclesiástica dando a conocer la Constitución Civil del Clero.
La Ley sobre la Constitución Civil del Clero votada el 12 de julio de 1790 por la Asamblea Constituyente, estaba llamada a sustituir el Concordato de 1516. Su objetivo era por medio de un obispo de nueva creación que le envía una carta como prueba de unidad de fe y de comunión en el seno de la Iglesia Católica. De inspiración galicana, esta constitución civil trataba de establecer la total independencia (salvo en materia doctrinal) de la Iglesia de Francia respecto al papado.

En 1791 el papa Pío VI (1775-1799), condenó dicha constitución.
La situación de la Iglesia en Francia fue mucho más difícil, pues llegó a considerarse a los sacerdotes refractarios, 19enemigos de la nación, siendo deportados al exterior. Es hasta 1795, a través de la convención realizada este mismo año, que se reconoció la libertad de culto. La Iglesia intentó reorganizarse y en 1797 se reunió en un Concilio Nacional en París para intentar consolidar una Iglesia criticada.

  • La Era Napoleónica.

Napoleón Bonaparte, al convertirse en Primer Cónsul, creyó necesaria la reconciliación religiosa de los franceses. De esta manera se llegó al concordato de 1801.

El Concordato de 1801 fue el Concordato entre la Francia revolucionaria (dirigida en ese momento por Napoleón Bonaparte) y la Santa Sede (ocupada por el papa Pío VII). Tras acometer con éxito un golpe de estado contra el Directorio en 1799 y autoproclamarse Primer Cónsul un mes después con el apoyo del voto popular, Napoleón estaba convencido de que un acuerdo con la Iglesia Católica sería crucial para la estabilidad de su régimen y la consolidación de los logros revolucionarios. La Iglesia Católica había tenido discrepancias fundamentales con la Revolución, especialmente desde que la Asamblea Nacional, a través de la Constitución civil del clero, confiscó las tierras controladas por la Iglesia, que se convirtió en departamento del estado, rechazando toda autoridad del Papa sobre su funcionamiento interno. El concordato de 1801 incluyó, además de otras cosas, lo siguiente: Una declaración de que "el catolicismo era la religión de la gran mayoría de los franceses" pero no la religión oficial del estado, extendiéndose así la tolerancia religiosa a los judíos y protestantes.
El Papado tendría el derecho de elegir a los obispos.
El Estado pagaría un salario clerical y el clero juraría lealtad al estado.
La Iglesia renunciaría a reclamar las tierras que le fueron confiscadas durante la Revolución francesa.
El calendario republicano francés sería abolido y remplazado por el tradicional Calendario Gregoriano

El concordato trajo la paz religiosa restableciendo los vínculos con Roma. El 18 de abril de 1802, se celebró en la catedral de París el restablecimiento del culto católico en Francia.
El catolicismo francés y europeo salió profundamente transformado de la Revolución y el Imperio. Se integró la libertad de cultos y los bienes permanecen en manos de los laicos.

  • La evangelización del mundo.

Un suceso de enorme trascendencia es la gran tarea de evangelización del mundo llevada a cabo principalmente durante los siglos XV al XVIII.
Los grandes descubrimientos del XV y XVI abrieron las puertas a la evangelización del mundo hasta entonces desconocido. En el siglo XV tiene lugar el descubrimiento y primera evangelización del Nuevo Mundo, en la cual las ordenes religiosas juegan un papel trascendente a partir de la llegada de los primeros doce franciscanos a las nuevas tierras, seguidos, posteriormente por los dominicos, a lo largo de todo el siglo XVI. En el siglo XVII, por las cruzadas, se llega amplias regiones de África, las Islas Británicas, Japón, la India, China, Indochina y Corea, el Asia Rusa. En el siglo XVIII las crisis internas de la Iglesia repercuten directamente en las misiones lejanas, y las guerras de la Revolución francesa, interrumpen provisionalmente las relaciones entre la Iglesia y las naciones de ultramar.

Bibliografía.

  • COMBY, Jean. Para leer la historia de la Iglesia. 2. Del siglo XV al siglo XX. Navarra-España: Editorial Verbo divino, 1990, 248 pp.
  • JARAMILLO ESCUTIA, Roberto y J. Carlos Casas García. Notas de Historia Eclesiástica Antigua. Siglos I-IX. México: Universidad Pontificia de México-Facultad de Teología, 2005, 141 pp. (Colección Apoyos Didácticos UPM, No. 14).
  • HERTLING, Ludwig. Historia de la Iglesia. Barcelona: editorial Herder, 1986, 582 pp. (Biblioteca Herder. Sección de Historia, Vol. 41).
  • HUGHES, Philip. Síntesis de Historia de la Iglesia. Barcelona: Editorial Herder, 1981, 437 pp.
  • LLORCA, Bernardino S.J. Manual de Historia Eclesiástica, 2da. Edición. España: Editorial Labor, 1946, 921 pp.
  • R. García Villoslada S.I. y F.J. Montalban S.I. Historia de la Iglesia Católica. En sus cuatro grandes edades: Antigua, Media, Nueva, Moderna, Tomo III: Edad Nueva.  Madrid: Editorial Católica S.A., 1960 (Biblioteca de Autores Cristianos).
  • OLMEDO, Daniel S.I. Historia de la Iglesia Católica, 4ta Ed. México: Editorial Porrúa, 1985, 807 pp.

 


 

III. La Epoca Contemporánea

(Siglos XIX y XX)

Período I. El siglo XIX

El siglo XIX conoció una indiscutible renovación religiosa que ha dejado huellas hasta nuestros días. Desde mediados del XIX, los grandes progresos de la ciencia materializan cada vez más a la sociedad. La Iglesia se espiritualiza a raíz del nacimiento del socialismo y comunismo, que traen consigo una nueva oleada de persecución. Por otra parte, se trata del siglo del fenómeno de la secularización extendido por toda Europa, los gobiernos ahora convertidos en Estados, intentan controlar las instituciones, incluyendo a la Iglesia. Sobre la base del Concilio Vaticano, la autoridad moral de los últimos pontífices, adquiere un valor inusitado, frente a todas las fuerzas del materialismo ateo, con la defensa del dogma, la intensificación de las misiones y el ejemplo de su conducta. Otro aspecto de la vida de la Iglesia en el siglo XIX es la concepción de una nueva forma de organización política llamada “Estado”. La Iglesia tiene que volver a adaptarse a la serie de concepciones y modificaciones del nuevo concepto, del cual, sin embargo, podemos decir que sale airosa.
Tras las agitaciones de la Revolución y el Imperio, el papa recupera los Estados Pontificios a través del Congreso de Viena de 1814-1815.

El Congreso de Viena fue una conferencia entre los embajadores de las principales potencias europeas que tuvo lugar en la capital Austriaca, entre el 2 de mayo de 1814 y el 9 de junio de 1815. El objetivo fue rediseñar el mapa político del continente europeo después de la derrota del imperio Napoleónico, en la primavera anterior, restaurar los respectivos tronos a las familias reales derrotadas por las tropas de Napoleón Bonaparte (como la restauración de los Borbón en Francia) y firmar un alianza entre los monarcas. Los términos de la paz se establecieron con la firma de Tratado de París (30 de mayo de 1814), donde se establecieron la indemnización a pagar por Francia a los países vencedores. Incluso antes del regreso del emperador Napoleón I del exilio. El Acta Final del Congreso de Viena se firmó nueve días antes de la derrota final de Napoleón en la Batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815.

La Iglesia de la Restauración se propuso recristianizar a las masas populares cuya práctica religiosa había quedado muy quebrantada por los años de la Revolución.
Los aliados restauraron a la casa de Borbón en el trono francés. El periodo que sobrevino se llamó la Restauración, caracterizada por una aguda reacción conservadora y el restablecimiento de la Iglesia Católica como poder político en Francia. Pero los gobiernos de Luis XVIII (entre 1814 y 1824) y Carlos X (entre 1824 y 1830) debieron aceptar algunas realidades surgidas con la Revolución Francesa, como la monarquía constitucional, el parlamentarismo, la redistribución de la tierra realizada durante las convulsiones de fin del siglo XVIII y la desaparición de los antiguos gremios artesanales. Este período está caracterizado por una profunda transformación de la vida política y social en Francia, que transcurre más en el seno social que en la superficie del Estado. Los sectores monárquicos buscan liquidar todo vestigio de la Revolución Francesa, mientras que la burguesía trata de superar un período de 25 años de catástrofes y relaborar un programa político y económico viable que, a la vez, recupere algunos elementos de la revolución que le son útiles.

 

  • El Concilio Vaticano I.

En un contexto de difíciles relaciones entre la Iglesia y el mundo moderno, además de controversias dentro de la misma Iglesia, Pío IX decide convocar a un concilio Vaticano. El concilio se reunió el 8 de diciembre de 1869.
El concilio Vaticano I fue el primer concilio celebrado en la Ciudad del Vaticano. Convocado por el Papa Pío IX en 1869 para enfrentar al racionalismo y al galicanismo. En este Concilio se aprobó como dogma de fe la doctrina de la infalibilidad del Papa. Tuvo 4 sesiones: 1. Primera Sesión: celebrada el 8 de diciembre de 1869 con el Decreto de apertura del concilio. 2. Segunda Sesión: celebrada el 6 de enero de 1870 con la Profesión de Fe. 3. Tercera Sesión: celebrada el 24 de abril de 1870 concluyendo con la aprobación de la Constitución Dogmática Dei Filius sobre la fe católica. 4. Cuarta Sesión: celebrada el 18 de julio de 1870 concluyendo con la aprobación de la Constitución Dogmática Pastor Aeternus sobre la Iglesia de Cristo que declara el dogma de la infalibilidad papal. El concilio fue suspendido por Pío IX el 20 de octubre de 1870, después que se hubiera consumado la unión a Italia de los Estados Pontificios.

A través de la constitución Dei Filius, se llegó a una conclusión respecto a las discusiones sobre las relaciones entre la razón y la fe: el concilio definió la existencia de un Dios personal que la razón no puede alcanzar, aunque afirmando la necesidad de la revelación; no puede haber conflicto alguno entre la razón y la fe.
La aceptación de las decisiones conciliares no fue general; los obispos alemanes se salieron del aula conciliar para no votar; sin embargo, muchas de las principales reformas fueron puestas en practica por los papas posteriores.

 

Período II. El Siglo XX

La primera Guerra Mundial (1914-1918) abre una nueva época, engendrada por la competencia económica y la exaltación nacionalista. La guerra transforma la geografía, la estructura política de las naciones europeas y arranca a Europa en papel de protagonista en la historia. La primera Guerra Mundial fue todavía, al iniciar, una lucha entre las potencias Europeas para disputarse la supremacía mundial, pero al terminar, Europa estaba agotada, y la segunda Guerra Mundial (1939-1945) había demostrado que Europa ya no era más que el Viejo Continente. Esta segunda guerra, fue aún más catastrófica, más mundial.

La Iglesia fue la única gran sociedad mundial que salió del cataclismo intacta, impoluta e inconmovible. Los veinte años posteriores a la primera guerra, todos los imperios coloniales que habían formado las potencias europeas, se vienen abajo. Los pueblos colonizados acceden a la independencia y el cristianismo aparece como la religión de los colonizadores importada de Europa.
La Iglesia se enfrenta con esta terrible crisis, siendo el único organismo social del mundo que ha quedado inalterado después de ambas guerras. Los enemigos de la Iglesia en este siglo han aumentado por mucho. En el siglo XX los católicos están frente a los totalitarismos: el fascismo italiano, el nazismo alemán, el comunismo ruso.
Con el marxismo, la lucha de clases pasa a ser una lucha de los pueblos esclavizados por el dominio extranjero, político, económico y religioso. Todo esto puede explicar una oposición al cristianismo en los países que luchan por su independencia en el XIX.
Un nuevo pontificado y el anuncio del concilio permitirán a los esfuerzos de la Iglesia en la postguerra dar sus frutos.
El Concilio Vaticano II se presenta como la conclusión de una veintena de años de investigaciones pastorales y teológicas, y como una cierta ruptura con la Iglesia salida del Concilio de Trento. Al realizar la puesta al día de la Iglesia en un mundo en plena evolución, el concilio suscitó grandes esperanzas.

  • La Primera Guerra Mundial (1914-1918)

A lo largo de la Primera Guerra Mundial, los católicos se identificaron completamente con los objetivos de sus estado nacionales. La Santa Sede tuvo dificultades para situarse dentro de la guerra, Benedicto XV lanzó numerosas exhortaciones a la paz.
Los diez años que siguieron a la guerra estuvieron marcados por el apaciguamiento de conflictos entre el Estado y la Iglesia. Los papas Benedicto XV y Pío XI se mostraron conciliadores en este sentido. Bajo Pío XI se firmaron unos quince concordatos con los Estados, que significó el reconocimiento mutuo de sus derechos. Esta política de pacificación encontró su culmen en los Tratados de Letrán (1929).
También conocidos como Pactos de Letrán o acuerdos lateranenses, fueron suscritos el 11 de febrero de 1929 entre el gobierno italiano y La Iglesia católica.  Buscaba terminar con los desacuerdos entre la República italiana y la Santa Sede, iniciados durante el siglo XIX cuando la Iglesia perdiera la mayor parte de sus Estados pontificios durante las guerras de unificación italiana, impulsadas por Víctor Manuel II. El cardenal Pietro Gasparri, en nombre del Papa Pío XI, y Benito Mussolini, idearon tres acuerdos diferentes: el primero reconocía a la Santa Sede como estado independiente y soberano, naciendo así el Estado de la ciudad del Vaticano. Un segundo acuerdo pactaba un concordato entre el gobierno italiano y la Iglesia, fijando los límites en sus relaciones civiles y religiosas. El tercer pacto otorgaba a la Iglesia una compensación económica por las pérdidas sufridas en 1870. La firma del tratado suponía el fin de las diferencias entre Iglesia y Estado. El gobierno italiano daba el aval al catolicismo como religión única, reconocía la personalidad internacional de la Santa Sede y le otorgaba plena propiedad y jurisdicción sobre el sus territorios en el creado Estado de la Ciudad del Vaticano. Se comprometía a la inviolabilidad de esos territorios y reconocía el carácter sagrado de la persona del Papa, así como las dignidades correspondientes a los altos prelados de la Iglesia católica. También las propiedades del Vaticano se reconocen como inviolables y soberanas: la Basílica de San Pedro, el conjunto de los palacios Vaticanos, Castelgandolfo, San Calixto, la Cancillería, las basílicas mayores y los edificios que la Santa Sede destinaba a sus institutos y universidades. La firma del concordato que reconocía “una Iglesia libre dentro de un estado libre” obligó al papado a exigir a sus obispos y arzobispos la jura de lealtad al Estado italiano antes de tomar sus cargos religiosos. En dicha juramentación los prelados se comprometían a no intervenir en asuntos políticos.  El gobierno italiano, a su vez, dictó leyes sobre el matrimonio y el divorcio, ajustándolas a los criterios de la Iglesia católica, eximiendo además a los miembros del clero del servicio militar obligatorio. Con estas medidas quedaba más que claro que el estado italiano reconocía a la Iglesia católica como la Iglesia del Estado, dejando en sus manos buena parte del sistema educativo italiano. El territorio del Estado Vaticano se fijo, gracias al tratado de Letrán en 44 hectáreas sobre las que tenía dominio total el Papa.

  • La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

La Segunda Guerra Mundial marca profundamente a los cristianos y a las Iglesias en medio de las naciones involucradas en el conflicto.
La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto militar global que se desarrolló entre 1939 y 1945. En él se vieron implicadas la mayor parte de las naciones del mundo, incluidas todas las grandes potencias, alineadas en dos alianzas militares opuestas: los Aliados y las Potencias del Eje. Fue la mayor contienda bélica de la Historia, con más de 100 millones de militares movilizados y un estado de «guerra total» en que los grandes contendientes destinaron toda su capacidad económica, militar y científica al servicio del esfuerzo armamentístico, borrando la distinción entre recursos civiles y militares. Marcada por hechos de enorme significación que incluyeron la muerte masiva de civiles, el Holocausto y el uso por primera y última vez de armas nucleares en un conflicto militar, la Segunda Guerra Mundial fue el conflicto más mortífero en la historia de la humanidad, con un resultado final de entre 50 y 70 millones de víctimas.

Lista de muertos de la Segunda Guerra Mundial
Unión Soviética = 27.000.000
China = 15.000.000
Alemania = 9.800.000
Polonia = 5.600.000
Judíos = 5.000.000
Indonesia = 4.000.000
Japón = 3.500.000
Yugoslavia = 1.700.000
India = 1.580.000
Indochina = 1.000.000
Rumanía = 900.000
Francia = 800.000
Hungría = 750.000
Italia = 600.000
Croacia = 595.000
Estados Unidos = 500.000
Gran Bretaña = 450.000
Checoslovaquia = 400.000
Lituania = 350.000
Grecia = 250.000
Letonia = 207.000
Etiopía = 205.000
Holanda = 200.000
Filipinas = 147.000
Malasia = 100.000
Finlandia = 97.000
Bélgica = 88.000
Birmania = 60.000
Corea = 60.000
Islas del Pacífico = 57.000
Timor Oriental = 55.000
Bulgaria = 50.000
Canadá = 45.000
Estonia = 41.000
Australia = 30.000
Albania = 28.000
España = 22.000
Nueva Zelanda = 19.000
Sudáfrica = 11.000
Noruega = 10.000
Norte de África = 9.000
Dinamarca = 7.000
Nueva Guinea = 7.000
Tailandia = 5.600
Luxemburgo = 5.000
Iraq = 4.600
Rhodesia del Sur = 4.000
Brasil = 2.000
Malta = 1.500
Mongolia = 300
Islandia = 200
Irán = 200
Irlanda = 100
Portugal = 55
México = 35

Los años que siguen al conflicto, son un período de renovación teológica y de experiencias originales, que conoce también dificultades y crisis. A lo largo de los años en que se desarrolla la guerra, diversos países se ven abatidos por la perdida de vidas humanas, principalmente judías; en otros lugares, los sacerdotes tuvieron que abandonar sus lugares de residencia como consecuencia de ideologías nacionalistas a favor de una religión del Estado, entre muchas otras cosas.
En los años que siguieron a la victoria de 1945, los antiguos aliados entraron en un periodo de disensión, el comunismo triunfaba cada vez más en Europa, dando lugar a una serie de persecuciones a la cristiandad.

En octubre de 1958 sucedía al papa Pío XII (1939-1958), Juan XXIII (1958-1963) cuya mayor decisión dentro de su pontificado fue la de convocar a un segundo concilio en el Vaticano. El 25 de enero de 1959, Juan XXIII anunció la reunión del concilio con dos objetivos principales: una adaptación de la Iglesia y del apostolado a un mundo en plena transformación, y la vuelta a la unidad de los cristianos. La Primera Sesión tuvo lugar en el otoño de 1962; la Segunda Sesión en el otoño de 1963, con Pablo VI (1963-1978) como papa sucesor de Juan XXII, esta sesión tocó varios temas: la colegialidad episcopal, el ecumenismo y la libertad religiosa, y promulgó la constitución sobre la liturgia y el decreto sobre las comunicaciones sociales. Durante la Tercera Sesión, en otoño de 1964, los padres se enfrentaron con el tema de la libertad religiosa. La Cuarta, y última, Sesión en septiembre de 1965, concluyó con el voto y la promulgación de todos los textos discutidos anteriormente.
El 8 de diciembre de 1965 fue la clausura del concilio, todo acababa en medio de una gran esperanza.

  • Juan Pablo I y Juan Pablo II.

A la muerte de Pablo VI, es elegido papa Juan Pablo I (1978), patriarca de Venecia, que muere súbitamente un mes más tarde por lo que un nuevo conclave, reunido apresuradamente, elige al papa polaco Karol Wojtyla, Juan Pablo II (1978-2005), en octubre de 1978. La elección del papa polaco significó el rompimiento con una tradición de más de cuatro siglos de pontífices italianos, marcando un distanciamiento de la Iglesia respecto a la política italiana y las Iglesias occidentales.
La Iglesia católica del siglo XX va a ser favorecida por pastores prestigiosos, preparados, doctos y de una vida intachable. Cada uno brilla con luz propia, por su obra, no sólo en favor de la Iglesia sino de la humanidad. Esta es la lista:

Los papas del siglo XX


Papa

Nació

Papado

Duración

León XIII

1810

1878-1903

25 años

Pío X

1835

1903-1914

11 años

Benedicto XV

1854

1914-1922

8 años

Pío XI

1857

1922-1939

17 años

Pío XII

1876

1939-1958

19 años

Juan XXIII

1881

1958-1963

5 años

Pablo VI

1897

1963-1978

15 años

Juan Pablo I

1912

1978-1978

33 días

Juan Pablo II

1920

1978-2005

27 años


Bibliografía.

  • COMBY, Jean. Para leer la historia de la Iglesia. 2. Del siglo XV al siglo XX. Navarra-España: Editorial Verbo divino, 1990, 248 pp.
  • JARAMILLO ESCUTIA, Roberto y J. Carlos Casas García. Notas de Historia Eclesiástica Antigua. Siglos I-IX. México: Universidad Pontificia de México-Facultad de Teología, 2005, 141 pp. (Colección Apoyos Didácticos UPM, No. 14)
  • HERTLING, Ludwig. Historia de la Iglesia. Barcelona: editorial Herder, 1986, 582 pp. (Biblioteca Herder. Sección de Historia, Vol. 41)
  • HUGHES, Philip. Síntesis de Historia de la Iglesia. Barcelona: Editorial Herder, 1981, 437 pp.
  • LLORCA, Bernardino S.J. Manual de Historia Eclesiástica, 2da. Edición. España: Editorial Labor, 1946, 921 pp.
  • R. García Villoslada S.I. y F.J. Montalban S.I. Historia de la Iglesia Católica. En sus cuatro grandes edades: Antigua, Media, Nueva, Moderna, Tomo IV: Edad Moderna.  Madrid: Editorial Católica S.A., 1960 (Biblioteca de Autores Cristianos)

  • OLMEDO, Daniel S.I. Historia de la Iglesia Católica, 4ta Ed. México: Editorial Porrúa, 1985, 807 pp.

BIBLIOGRAFIA GENERAL

  • COMBY, Jean. Para leer la historia de la Iglesia. 1. De los orígenes al siglo XV. Navarra-España: Editorial Verbo divino, 1990, 201 pp.
  • Para leer la historia de la Iglesia. 2. Del siglo XV al siglo XX. Navarra-España: Editorial Verbo divino, 1990, 248 pp.
  • DRANE, John.  La vida de la primitiva Iglesia. Navarra-España: Editorial Verbo divino, 1987, 140 pp.
  • JARAMILLO ESCUTIA, Roberto y J. Carlos Casas García. Notas de Historia Eclesiástica Antigua. Siglos I-IX. México: Universidad Pontificia de México-Facultad de Teología, 2005, 141 pp. (Colección Apoyos Didácticos UPM, No. 14)
  • HERTLING, Ludwig. Historia de la Iglesia. Barcelona: editorial Herder, 1986, 582 pp. (Biblioteca Herder. Sección de Historia, Vol. 41)
  • HUGHES, Philip. Síntesis de Historia de la Iglesia. Barcelona: Editorial Herder, 1981, 437 pp.
  • LLORCA, Bernardino S.J. Manual de Historia Eclesiástica, 2da. Edición. España: Editorial Labor, 1946, 921 pp.
  • R. García Villoslada S.I. y F.J. Montalban S.I. Historia de la Iglesia Católica. En sus cuatro grandes edades: Antigua, Media, Nueva, Moderna, IV Vols.  Madrid: Editorial Católica S.A., 1960 (Biblioteca de Autores Cristianos).
  • OLMEDO, Daniel S.I. Historia de la Iglesia Católica, 4ta Ed. México: Editorial Porrúa, 1985, 807 pp.
  • SUÁREZ- MUÑOZ. Compendio de Historia de la Iglesia. Parte Primera: siglos I al VII. La Iglesia primitiva en el mundo greco-romano. Tomo I. Siglo I. Guadalajara, Jalisco-México: Ediciones Suárez-Muñoz. 1994. 40 pp.

1.La tetrarquía es una forma de gobierno mediante la cual el poder lo comparten cuatro personas que se auto-denominan tetrarcas. En Roma, fue también el sistema de gobierno colegiado instaurado por el emperador Diocleciano en el año 284 d. C. En los inicios se trató de una diarquía, por la cual, Dioclesiano nombró césar a Maximiano en 285 d. C. Posteriormente, los dos Augustos nombraron simultáneamente a los dos Césares: Galerio y Constancio Cloro. De este modo el Imperio quedaba bajo el mando de dos Césares y dos Augustos.

2. El arrianismo es el conjunto de doctrinas cristianas expuestas por Arrio, presbítero de Alejandría, que mantenían que Jesús era hijo de Dios, pero no Dios mismo. Esta doctrina fue condenada como herejía inicialmente en el Primer Concilio de Nicea (325) y, tras varias alternativas en las que era sucesivamente admitido y rechazado, fue definitivamente declarado como herético en el Primer Concilio de Constantinopla (381). No obstante las luchas entre católicos y arrianos, se mantuvo como religión oficial de algunos de los reinos establecidos por los godos en Europa tras la caída del Imperio romano de Occidente. En el Reino Visigodo de Toledo pervivió al menos hasta el III Concilio de Toledo (589), durante el reinado de Recaredo I, que se convirtió al Catolicismo, extinguiéndose posteriormente.

3.A este emperador se le conoce como “El Apóstata” porque, al llegar al trono, renegó públicamente del cristianismo, declarándose pagano y neoplatónico. Juliano llevó a cabo una activa política religiosa, tratando de reavivar la declinante religión pagana según sus propias ideas, y de impedir la expansión del Cristianismo, pero fracasó estrepitosamente.
4.Los hunos fueron una confederación de tribus euroasiáticas, muchas de ellas de los más diversos orígenes, unidas por una aristocracia que hablaba una lengua túrquica. Este grupo humano apareció en Europa en el siglo IV, y su máximo exponente fue Atila el Huno (395-453). Los hunos fueron llamados bárbaros por los romanos, a los que invadieron entre los siglos IV y V.
5.La historia del Islam comienza en la Arabia en el siglo VII con la predicación de Mahoma en el año 622 en La Meca. Bajo el liderazgo de Mahoma y sus sucesores, el Islam se extendió rápidamente, seguido de la violenta conquista de los mayores Estados de la época: el imperio persa sasánida, buena parte del imperio romano y el reino visigodo.

6. El Sacro Imperio Romano Germánico fue una agrupación política ubicada en la Europa occidental y central, cuyo ámbito de poder recayó en el emperador romano germánico desde la Edad Media hasta inicios de la Edad Contemporánea. El Imperio se formó en 962 bajo la dinastía sajona a partir de la antigua Francia Oriental. Desde su creación, el Sacro Imperio se convirtió en la entidad predominante en la Europa central durante casi un milenio hasta su disolución en 1806.

7. Los lombardos fueron un pueblo germánico originario del Norte de Europa que se asentó en el valle del Danubio y desde allí invadieron la Italia bizantina en 568 bajo el liderazgo de Alboino. Establecieron un Reino de Italia que duró hasta el año 774, cuando fue conquistada por los francos.

8.Hijo de Pipino y de Bertrada de Laon.

9. Otón I de Alemania, (912 –973), fue rey de Germania (936–973) y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (962–973). Hijo de Enrique I, duque de Sajonia y rey de Germania. Tras la muerte de su padre, fue ungido y coronado en Aquisgrán en 936 con el título carolingio de Rex et sacerdos ('Rey y sacerdote'). Restauró el imperio de Carlomagno (Imperio carolingio) y fue el primer representante del Sacro Imperio Romano Germánico. Con la eficaz ayuda de la alta jerarquía eclesiástica —en manos de sus amigos y familiares— y de los duques de Franconia, Suabia, Lorena y Baviera, Otón logró consolidar rápidamente su posición.

10. Entre los años 882 y 1046 se sucedieron más de 40 papas y antipapas, quienes, en gran parte, indignos, y pertenecientes a las más poderosas familias romanas, llevaron consigo a la sede pontificia preocupaciones e intereses primordialmente temporales. La causa próxima del Siglo de Hierro fue la caída de la Santa Sede en manos de las facciones feudales que dominaban la ciudad de Roma. Los propios papas, que aparecen en ciertas épocas estrechamente subordinados al emperador y reducidos a las funciones puramente religiosas y culturales inherentes a su potestad espiritual. Pero el eclipse del poder imperial, en los tiempos duros de la Alta Edad Media, acreditó ser más peligroso todavía que su omnipotencia, pues dejó a la Santa Sede sin escudo protector en plena anarquía feudal, y entregada a la merced de otros poderes más próximos y más nocivos, como eran los clanes nobiliarios romanos.

11. En la teología cristiana la cláusula filioque, o controversia filioque, hace referencia a la disputa entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa por la inclusión en el Credo del término latino filioque que significa: «y del Hijo». La Iglesia de Oriente difiere de la Occidental en lo que expone el Credo Niceno acerca del Espíritu Santo. En la forma Oriental se dice: el Espíritu Santo «procede del Padre». En la forma Occidental se añaden las palabras: «y del Hijo» (escrito en latín: filioque). La Iglesia Occidental confiesa una doble procesión del Espíritu Santo: «del Padre y del Hijo». La Iglesia Oriental considera que esto es una herejía.

12.Lotario di Segni (1160 - 1216) Papa romano (1198-1216). De familia noble; fue nombrado cardenal diácono por el papa Clemente III.  De algunas de sus principales obras teológicas y ascéticas, destaca De contemptu mundi, donde enunció la doctrina teocrática, según la cual todos los monarcas debían someterse al pontífice, quien, por ser vicario de Cristo, ostentaba la supremacía absoluta tanto en las cuestiones espirituales como en las temporales. Elegido Papa a la muerte de Clemente III, en 1198, Lotario di Segni adoptó el nombre de Inocencio III e inició un pontificado que supuso el apogeo del absolutismo papal. Con el fin de salvaguardar la fe católica, no dudó en intervenir en la política de los diferentes reinos cristianos siempre que lo consideró oportuno. Como cabeza espiritual de la cristiandad, Inocencio III predicó la Cuarta Cruzada (1202-1204), que, de estar dirigida en principio contra Egipto, fue desviada por los venecianos contra Constantinopla, ciudad en la que los cruzados fundaron el Imperio Latino de Constantinopla (1204). Inocencio III condenó esta acción, pero no vaciló en aprovecharla para intentar la sumisión de la Iglesia griega e imponer un patriarca latino en la capital bizantina.  Promovió la cruzada contra la herejía cátara, o albigense, en el Languedoc (1213-1215), expedición que pronto se convirtió en una guerra de conquista, que permitió la obtención de los Estados del conde de Tolosa por la monarquía francesa y supuso el principio del fin de la floreciente civilización occitana. Favoreció una profunda reforma eclesiástica a través de la aprobación de nuevas órdenes religiosas, esencialmente urbanas, entre las que cabe destacar las órdenes mendicantes que seguían las enseñanzas de san Francisco de Asís: los franciscanos (1209) y las clarisas (1212).  Su pontificado culminó, en 1215, con la celebración del IV Concilio de Letrán, el duodécimo de los ecuménicos y el más importante de los medievales, que representó sin duda la máxima expresión de la teocracia pontificia y en el que se debatieron temas como la preparación de la que sería la Quinta Cruzada (1217-1220); la desposesión del conde Ramón IV de Tolosa de sus dominios; la intensificación de la lucha contra el catarismo; la imposición de la obligatoriedad de la confesión y la comunión anual para todos los cristianos; y la condena de la doctrina mística enunciada por Joaquín de Fiore. Al año siguiente, el 1216, el día 16 de julio, Inocencio III fallecía en la ciudad de Perugia.

13.En la historia de la Iglesia Católica Romana, el Papado de Aviñon fue el periodo entre 1309 y 1377 durante el cual siete papas residieron en Aviñon (actual Francia): Clemente V: 1305 -1314, Juan XXII: 13161334, Benedicto XII: 13341342, Clemente VI: 13421352Inocencio VI: 13521362, Urbano V: 13621370  y Gregorio XI: 13701378. El motivo inicial del traslado a Aviñon fue que  los Estados Pontificios se encontraban agitados y resultaban poco seguros. Al resultar la ciudad francesa más segura, se prolonga la permanencia.

14.El Cisma de Occidente, es el período de la historia de la Iglesia católica en que varios Papas (hasta tres) se disputaron la autoridad pontificia (13781417).

15.La Bula Unam Sanctam del papa Bonifacio VIII es, tal vez, la expresión más radical de la hierocracia papal. Apoyándose en la interpretación medieval de varias figuras bíblicas el papa afirma la absoluta supremacía del poder espiritual sobre el poder secular, y termina por definir que es de absoluta necesidad para la salvación el estar sometido al Romano Pontífice. Este documento debe interpretarse a la luz de la violenta controversia que el papa llevaba adelante con el rey Felipe IV de Francia.
16.La Bula de Oro (Bulla aurea) de 1356 consistía en un conjunto de reglas que regulaban detalladamente el proceso completo de elección del Rey de romanos. De esta forma, la bula fijaba Fráncfort como el lugar de la elección y establecía siete príncipes electores como los responsables de llevarla a cabo, a la sazón, los arzobispos de Maguncia, Tréveris y Colonia, el Rey de Bohemia, el Conde Palatino del Rin, el Duque de Sajonia y el margrave de Brandeburgo. La necesidad de establecer un reglamento de elección surgió tras las dobles elecciones de 1198, 1257 y 1314, y la asunción por parte del papado del poder aprobar y legitimar a un determinado candidato, de modo que se apreció la necesidad de fijar un procedimiento para elegir el emperador sin intervención papal.
17.Esta “profecía” se la aplican a Lutero.
18.El concepto de Asamblea Constituyente se remonta a mayo de 1789, cuando en Versalles, Francia, se reunieron los representantes de la nobleza, el clero y el estado llano (o 3º estado), asumió la calidad de Asamblea Nacional Constituyente
19.La Asamblea Nacional Constituyente de Francia, exige en 1790, que todos los miembros del clero en ejercicio prestasen juramento de fidelidad a la nación y al rey y jurasen mantener la constitución. Cuando Pío VI condena la Constitución Civil del Clero, también pide la retractación de todos los que habían prestado juramento y prohibía ejercer a todos los obispos electos bajo dicho juramento. De esta menara es como el clero queda dividido en constitucional, los que juraron, y refractario, los que están a favor del papa y en contra de la Constitución.


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